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160 Aniversario

PorSalvador Daza
Salvador Daza Palacios

Doctor en Historia por la Universidad de Sevilla,
escritor, investigador, compositor, concertista
y profesor del Conservatorio Profesional
de Música “Joaquín Villatoro” de Jerez de la Frontera.
Perteneció a la Banda de Sanlúcar desde su niñez,
llegando a ser director de la misma (1984-88).

160 años de trabajo e ilusión

El próximo Aniversario (1852-2012) de la actual Banda Sinfónica Julián Cerdán, como legítima heredera de aquella que fue fundada por el propio Cabildo en 1852, nos da pie para realizar un rápido recorrido por esos 160 años de historia, la mayor parte de los cuales aparecen recogidos en mi libro Historia de la Banda Municipal de Música (1852-1967), editado por Pequeñas Ideas Editoriales en 2002. Una edición que fue precisamente el punto de partida de otra efemérides, la del 150 Aniversario que supuso una celebración digna de recuerdo y repetición.

Hasta 1852, año en el que el Ayuntamiento sanluqueño decide la creación de una Banda de Música estable con carácter oficial o municipal, la presencia de agrupaciones musicales en las más importantes conmemoraciones y festejos que se realizaban en la ciudad había sido constante.

La creación de esta primera entidad musical oficial aparece inevitablemente asociada al servilismo de la ciudad a “su señor”, en este caso al duque de Montpensier, que había elegido Sanlúcar para sus descansos veraniegos.
Sin embargo, consta documentalmente la existencia de una Banda de Música de la ciudad (así llamada) ya desde el año 1839, por lo que habría que colegir que la existencia en Sanlúcar de un grupo estable de instrumentistas de viento se remonta al menos a esta fecha, sin que hayamos podido determinar su composición, funcionamiento o fundación, aunque es muy probable que éstos músicos procedieran de un batallón militar aquí establecido.

En Sanlúcar de Barrameda, el esplendor musical histórico va parejo al establecimiento de dos centros de poder cortesanos. El primero, el señorío de los duques de Medina Sidonia. El segundo, más breve, la instalación de la corte veraniega de los duques de Montpensier (la familia Orleans y Barbón), que trajeron a nuestra ciudad un papel de relevancia que había perdido durante la decadencia que tuvo entre los siglos XVII-XVIII.

Bandera de la antigua Banda Municipal de SanlúcarEn torno a esas dos importantes élites girará la actividad musical de Sanlúcar y, en concreto, la primera creación oficial de esa “Banda Municipal” en 1852, que surge así, provocada tras una serie de frustraciones –recogidas en los libros de actas– por no haberse podido recibir a los miembros de la familia Orleans “como se merecían”, es decir, con música. Sería gracias a la iniciativa de un curioso personaje, don Saturio Lindres, la formación de esa primera banda, que parece que fue disuelta en 1857. Desde este momento, la agrupación aparece y desaparece de los papeles oficiales con la misma facilidad que alcaldes y concejales, pues no en vano desde el primer momento los músicos aparecen fuertemente vinculados a la “voluntad política” y, sobre todo, al “capricho” del mandatario local.

Antiguos músicos sanluqueñosEn esta larga nómina de alcaldes y directores, los hubo para todos los gustos. En cuanto a los primeros, los hubo verdaderos enemigos de la música y especialmente de los músicos, a los que amargaron bastante la vida. También los hubo tan excesivamente melómanos que dilapidaron medio presupuesto municipal en contratar bandas foráneas para que actuaran en agosto en la Calzada, con el consiguiente enfado de los músicos locales, a los que se les negaba el pan y la sal durante el resto del año. También los hubo que lucharon todo lo que pudieron por dignificar la labor de los miembros de la Banda, que en su práctica mayoría, y hasta tiempos bien recientes, eran de clases humildes y populares. Pero éstos, por desgracia, fueron los menos.
Se dio incluso la circunstancia de que dos antiguos músicos llegaron a ser miembros del Ayuntamiento. Uno, como concejal, fue nombrado inmediatamente “delegado de la Banda” (pues este cargo existía así, con tal denominación) y desde este puesto fastidió a sus ex-compañeros e incluso llegó a autoproponerse, sin ningún tipo de sonrojo, como nuevo director, al haber dimitido el titular. Sus compañeros le hicieron desistir del empeño.
Otro antiguo músico, falangista, llegó a ser nombrado alcalde por Franco y desde este puesto se encargó de firmar la sentencia de muerte de la Banda, al suprimir la plaza de director de la plantilla municipal y dejada huérfana del “maestro” que la había conducido durante los últimos 55 años.

La antigua Banda Municipal de Sanlúcar

En cuanto a estos profesionales de la dirección, también los hubo de todo tipo. En el período final del siglo XIX, la rivalidad entre los músicos termina con la fractura de la agrupación, que aparece durante varios años dividida en dos bandos (o Bandas) con la consiguiente tensión “artística” en el ambiente musical de una época muy convulsa que terminará con el célebre “desastre del 98”.
Al frente de estas dos facciones musicales aparecen personajes como Francisco Peña y Juan Romo, que pelean ardorosamente por ganarse la confianza municipal para que la Banda que cada uno de ellos dirigía fuese nombrada “la Municipal”. Como siempre ocurre, aún hoy día, pues los políticos sanluqueños siempre “se han dejado querer” mucho, el más “simpático” y el que más halagaba a los señores munícipes, fue el que se llevó el gato al agua.

Mateo AlbaEl nombramiento en 1905 de un gran compositor como don Mateo Alba, como director municipal, con consideración de funcionario de plantilla, trajo la paz a la música local y la primera época dorada de la agrupación.
Julián CerdánTras esto, la figura de otro gran músico, don Julián Cerdán, otorgará a la Banda una estabilidad tanto laboral como artística, que dio su fruto más importante con el Primer Premio del Concurso celebrado en Écija, en 1928. Esta larga etapa de Cerdán tuvo unas grandes expectativas durante la época republicana, cuando en 1931 la Corporación quiso profesionalizar la banda y dignificar convenientemente la labor de los músicos, dándole estatus de funcionarios y sueldo fijo, convenio laboral, etc. Pero don Julián “se rajó” y prefirió dejar las cosas como estaban, es decir, prefirió seguir dirigiendo una “banda de música rural”.

Marino DíazDurante el largo período franquista tiene lugar el relevo en la dirección. Don Marino Díaz, un hombre adusto y un compositor serio e inspirado, aunque regular director, sucede en 1952 a Cerdán, tras un agotador período de 34 años al finalizar el cual don Julián contaba ya nada menos que con 75 años de edad. El período fructífero de don Marino (que abarca catorce años, siendo por tanto el director que más tiempo permaneció en el cargo después de don Julián) finalizará en 1966, dejando a la Banda en un aceptable nivel artístico, además de haber renovado el tradicionalista repertorio que se ejecutaba con Cerdán, introduciendo por primera vez obras de música clásica en transcripciones del propio don Marino.
Consiguió del tozudo Ayuntamiento de la época una renovación del obsoleto Reglamento interno de la Banda, aprobado en Sesión municipal el 26 de marzo de 1958. Esto supuso una considerable mejora de los sueldos de miseria que cobraban los músicos, que a partir de entonces, tuvieron en mejor estima a su director.

El último periodo de la vida de la Banda aparece vinculado a personas como Luis Romero Muñoz y Enrique Alfaro que tratarán de evitar lo inevitable: la disolución de la agrupación en 1975, convirtiéndose esta desaparición, al igual que el resto de los acontecimientos que han rodeado siempre a la Banda, en una consecuencia directa de las circunstancias políticas del momento, en este caso, en un verdadero símbolo del ocaso del régimen franquista. Dos músicos vinculados a los sindicatos obreros, opositores políticos de la dictadura, consiguen su propósito: disolver una agrupación que andaba dando tumbos desde que se suprimió la plaza de director en 1967.

Beigbeder con Luis Romero (con la flauta en primer plano), director que fue de la Banda, Orquesta y Coro sanluqueños

Los intentos de 1978 por reorganizarse resultaron aún infructuosos. Hubo que esperar a 1980, con una recién estrenada Corporación municipal democrática, para que la Banda de Sanlúcar emergiera de sus cenizas con bríos renovados, al calor de una nueva realidad político-cultural.
Fueron personas como José Manuel Fernández, José Bustamante, Manuel Román y quien redacta estas líneas quienes convencimos a los políticos de entonces y a los antiguos músicos para que la Banda remontara nuevamente el vuelo. Una vez reunidos los músicos necesarios, se puso al frente de ellos don Rafael Rodríguez Márquez, un antiguo alumno de don Julián Cerdán, quien, como prueba de admiración hacia él, sugirió su nombre para que lo ostentase la nueva Agrupación Musical (que así comenzó denominándose) y así se le hiciesen los honores a aquel legendario maestro.

La nueva entidad se organizaría como Asociación, aprobándose sus estatutos y eligiéndose una Junta Directiva que regiría sus destinos; algo inédito en la larguísima trayectoria de la Banda. Las subvenciones fueron llegando con cuentagotas; el director, Rafael Rodríguez, empeñó su patrimonio para dotarla de instrumentos e uniformes, dada la escasez de la ayuda municipal.
Afortunadamente, gracias al tesón, el sacrificio y el apoyo incondicional de los sanluqueños, la formación musical salió adelante, sufragándose sus cuantiosos gastos con las actuaciones de Semana Santa. Tras muchas vicisitudes, sinsabores, incomprensiones, que siempre se vieron recompensados por el entusiasmo del público en todas las actuaciones de la Banda, al fallecer Rafael Rodríguez, yo mismo tomé la dirección durante casi cinco años y posteriormente me sucedió en el cargo José Manuel Fernández.

La Banda llevaba ya un ritmo ascendente imparable: se había renovado gran parte del instrumental, del repertorio y la imprescindible cantera de juventud se incorporaba mayoritariamente a la Banda, además de la “histórica” incorporación de la mujer a la Banda, una discriminación intolerable que duró más de 130 años y que Concha Gallego se encargó de eliminar con su presencia en los primeros meses de 1987, abriéndole el camino a otras muchas mujeres que pronto se incorporaron con plenos derechos a una entidad tradicional e injustamente masculinizada a lo largo de su dilatada historia.

Banda Sinfónica Julián Cerdán

La etapa iniciada en 1990 bajo la dirección de José Antonio López Camacho hay que calificarla sin duda como una nueva etapa dorada. Los grandes éxitos cosechados por la Banda en nuestra ciudad y fuera de ella avalan una sólida trayectoria artística y asociativa que trasciende por encima de cualquier época anterior, en cuanto a medios humanos, materiales, entrega y capacidad de trabajo. Se trata sin duda de una época tan brillante y exitosa que merecerá en una próxima ocasión un capítulo aparte.