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Semblanza histórica

La antigua Orquesta de Sanlúcar

Desde 1920 aproximadamente, existía en Sanlúcar de Barrameda un grupo de cantores acompañados por una pequeña orquesta, los cuales se especializaron en un repertorio religioso para participar en los cultos de las cofradías de Semana Santa. No constituían una agrupación estable, sino una suma de individualidades musicales que se reunían cuando la demanda lo pedía.
Figuran como directores de esta formación musical Abelardo Sánchez –amigo personal de Joaquín Turina y padre del eminente musicólogo Enrique Sánchez Pedrote– y, en algunas ocasiones, Antonio Espinar –hermano de Fernando Espinar, que fuera primer violín de la Orquesta Nacional de España–.

Hacia 1926, esta Orquesta y Coro empezó a ser dirigida por otro músico sanluqueño: Luis Romero, cuya amistad con el compositor jerezano Germán Álvarez Beigbeder hizo que éste dedicara las Coplillas a Nuestra Señora de las Angustias a la cofradía de Romero. El estreno de la pieza tuvo lugar el 5 de marzo de 1939 –cinco semanas antes del final de la Guerra Civil– en el transcurso de los cultos cuaresmales de la hermandad, bajo la dirección del propio autor.

Al terminar la guerra el grupo pasó a denominarse Orquesta y Orfeón Santa Cecilia –aunque a la orquesta también se la llamó Orquesta Sanluqueña–, ingresando en él un grupo de músicos bastante cualificado, y pudiéndose acometer el montaje de obras de cierta envergadura.
Por ejemplo, en la noche del Jueves Santo de 1943 se llegó a ofrecer en la parroquia de Santo Domingo un Miserere con la inclusión de voces blancas, constituyendo un clamoroso éxito artístico y de público, pues la asistencia superó las mil personas.

Luis RomeroLuis Romero Muñoz nació en Sanlúcar de Barrameda en 1902. Ganaría por oposición una plaza en la Banda de Música de Infantería de Marina de San Fernando, dirigida por el maestro Germán Álvarez Beigbeder. Precisamente, a su amistad con este compositor se deben las Coplillas a Nuestra Señora de las Angustias (1939) o el Himno a Nuestra Señora de la Caridad (1950).
Hacia 1926 comenzaría a dirigir la Orquesta y Coro existentes en Sanlúcar, que serían bautizados en 1940 como Orquesta Sanluqueña y Orfeón Santa Cecilia (éste último sigue existiendo como tal).
Llegó a asumir también la dirección de la Banda de Música en su transición de municipal a privada (1967-1971), falleciendo en 1978.

Una de las actuaciones anuales más importantes era la función solemne en honor a la patrona, la Virgen de la Caridad, cada 15 de agosto en el Santuario.
Precisamente en 1943, con motivo del 325 aniversario de su patronazgo, se interpretaría la Misa pontifical de Perossi, con la participación de sesenta músicos entre voces e instrumentos, todos sanluqueños.

La brillante trayectoria de la agrupación sanluqueña, hasta ahora exclusivamente religiosa, se vio truncada por una de las más polémicas decisiones eclesiásticas de la época: la Instrucción pastoral sobre la música sagrada, del cardenal hispalense Pedro Segura. El decreto, promulgado en febrero de 1945, suprimía la actuación de orquestas en los templos, reduciendo la música a voces masculinas con el único acompañamiento de órgano litúrgico.

Músicos y cantores buscarían su ocupación en la música profana: en el concierto público y otras funciones civiles.
Destacan las actuaciones celebradas a partir de 1947 en el Círculo de Artesanos, con la asistencia de personalidades como la infanta Beatriz, el infante Alfonso de Orleáns o la princesa Alejandra de Hohenlohe. En uno de estos conciertos se estrenaría, por ejemplo, el pasodoble A la manzanilla, con letra de Manuel Barbadillo y música de Pedro Braña, director de la Banda Municipal de Sevilla que estaría presente y a quien Luis Romero cedió la batuta.

Sin embargo, a partir de 1955 se fue flexibilizando la prohibición arzobispal, con el nombramiento de José María Bueno Monreal como nuevo coadjutor de la Diócesis de Sevilla. Por ello, y gracias a la intervención de un padre capuchino, se volvió a autorizar la intervención de la Orquesta Sanluqueña en la misa de la patrona el 15 de agosto de ese mismo año.
En 1959, igualmente en la función de la Virgen de la Caridad, y una vez levantadas ya las intransigentes prohibiciones contra las voces femeninas, se estrenaría otra obra de Beigbeder, cuya vinculación con Sanlúcar se estrechaba aún más: la misa a cuatro voces mixtas Decor Carmeli.

El éxito de esta agrupación coral e instrumental se vería reflejado en que sería subvencionada tanto por el gobernador provincial como por el alcalde sanluqueño, “dado que el citado conjunto es merecedor de ayuda porque da prestigio a la ciudad, como lo ha venido haciendo en diversas actuaciones fuera de la localidad”.

Justamente fuera de la localidad, en el vecino municipio de Rota, participaría en varias ocasiones en la misa de su patrona, la Virgen del Rosario, así como en otras ceremonias e incluso en la Base Naval, a invitación de los jefes militares americanos. Era tal la satisfacción del alcalde roteño que enviaría un oficio al de Sanlúcar elogiando al grupo.

A finales de 1960, Beigbeder volvió a ofrecer el estreno de una composición suya a la Orquesta y Orfeón Santa Cecilia. En este caso se trataba del Stabat mater, su obra más elogiada, originalmente escrita para tres voces iguales, pero que arregló para cuatro voces mixtas pensando expresamente en el coro sanluqueño. Se estrenaría el Viernes de Dolores de 1961 en el Círculo de Artesanos, volviéndose a ejecutar el Domingo de Ramos en el Colegio de los Jesuitas de Jerez.
Paralelamente, la Orquesta Sanluqueña seguiría actuando en otros puntos de la provincia, como San Fernando o Arcos de la Frontera.

Beigbeder con Luis Romero (con la flauta en primer plano), director que fue de la Banda, Orquesta y Coro sanluqueños

Sin embargo, 1965 sería el principio de su fin. El 15 de agosto de ese año se coronaba canónicamente la patrona de Sanlúcar. La Orquesta, que actuó en todos los eventos previos, no llegó a hacerlo en el acto en sí de la coronación.
Esto fue debido a que la colocaron a más de 100 metros del lugar donde se impondría la corona a la Virgen, siendo imposible que se pudiese oír algo sin micrófonos o altavoces.
Músicos y cantores rogaron a los organizadores que les situaran más cerca, pero fue en vano. La única solución que se les ofreció fue callarse y no intervenir en la solemnidad.

Esta decepción, sumada al decreto del cardenal Segura que hizo mella durante más de diez años y otros motivos, impidieron la necesaria renovación generacional de la Orquesta Sanluqueña, teniéndose que recurrir a músicos de fuera, sobre todo los de cuerda, ya que los de viento –gracias a que prestaban servicio en la Banda Municipal– se seguían manteniendo.

Tanto es así que el Concierto en honor a Santa Cecilia de 1966 fue celebrado con prácticamente toda la plantilla proveniente de Jerez, y esa sería su última actuación.

No obstante, la Fundación Julián Cerdán, que actualmente gestiona la Banda Sinfónica y una Escuela de Música donde es posible estudiar instrumentos de cuerda, ha recuperado en el año 2011 la figura de la Orquesta en Sanlúcar, siendo este otro paso hacia adelante por unificar a los músicos de la ciudad –sean de cuerda, viento o percusión– bajo una misma entidad.


Bibliografía